Ojalá todo el mundo tenga a su pequeño huracán, si, ese tipo de persona, que cuando menos lo esperas, tal vez cuando más lo necesites, o cuando menos probable crees su llegada, aparece. Y te desordena tu mundo de desorden pintado de armonía, y arrasa con todas aquellas cosas que empezaban a estacionarse en tu vida, y que si solamente un huracán consigue llevárselas, no eran realmente valiosas.
Pero no os hablo de un personaje cualquiera que transcurre sin más, os hablo de aquel que deshace a mordiscos las cuerdas que amarraban tus alas y por un momento, tal vez un rato, puedes volar, o sobrevolar junto a sus alas curtidas en mil vuelos.
Quién dice volar, dice girar, moverse, bailar sobre tu mundo sin pensamiento futuro alguno, porque eso es lo que hacen los huracanes, ¿verdad?
Os hablo de un pequeño gran enorme huracán que jamás podrás intentar retener, porque te puedes proteger de un huracán, pero ¿alguna vez has intentado mantener uno?, quizá sea porque nadie quiere tener consigo a un huracán, o porque no saben proteger de él lo más valioso y dejar que juguetee con lo banal. La paz mantiene lo bueno pero no destruye lo malo, ¿qué hay de malo entonces en una justa dosis de caos para acabar con lo sobrante?
Procura amar lo que crea y destruye tu huracán, juega con él, hazle ver que nada tienes que temerle, pero jamás intentes moldearle, retenerle, ni muchísimo menos encariñarte de él, simplemente lánzate a su llegada, deja que sus brazos te arrullen y te envuelvan en su visión del mundo, y nunca le esperes para cenar, ni para octubre, ni para verano, ni para tu cumpleaños, solamente guárdale un bonito recuerdo.