lunes, 14 de octubre de 2013

De la cabeza a los pies.


Eras poesía de la cabeza a los pies, haciendo una parada a mitad de camino.
Tus ojos eran la metáfora simple de el otoño verde y cálido.
Y tu boca tenia complejo de playa cargada de oleaje buscando sirena con deseo de sumergirse en la profundidad de tus abismos. 
Yo siempre pensé que en los abismos crecen las plantas más bonitas, las que ciegas de tanta oscuridad no conocen la crueldad de la luz, con sus verdades y reflejos de desconsuelo.
Y que decir de los versos que persiguen el tacto de tus manos, 
pues decir que me escribiste versos de melodrama donde solo había papel cuadriculado.
Y llenaste de verso libre y salvaje mis anotaciones serias e infundadas escritas con el gris del lápiz. 
Eras el café de las doce de la noche,
O el cigarrillo en el balcón que nunca he probado, pero me sabe bien.
Maldito despiste, olvide mis ganas de infravalorarte en el andén nueve con destino a la realidad. 
Y en ese mismo andén tuve la certeza de que odiaría por siempre las despedidas. 

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