Yo miraba de reojo la silueta de tu cara escondiéndose tras el humo del cigarro,
del cigarro de la incomodidad,
No hay nada que rellene mejor un silencio
que sacar papel, filtro y tabaco
y comenzar con uno de los tantos que me matan de envidia,
a menudo saboreando tus labios y yo muriendo por un simple roce.
¿Y ahora? El destino me hace mirarte a lo lejos, como algo fugaz, como las estrellas,
a las que pedirle deseos,
a las que pedirte.
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